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El despertar carmesí. ~

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El despertar carmesí. ~

Mensaje por Keith el Miér Ene 15, 2014 6:58 pm

Flashback. ~

Después de mucho reflexionar, extendió su ligero cuerpo a lo largo de la acera fría en la cual había decidido pasar la noche. No era muy cómodo, pero prefería eso a sentirse aprisionado dentro de la silenciosa y lúgubre casa que se alzaba justo frente a él. La noche descendió completamente su manto sobre Kokoro, el cual cerró sus ojos para descansar un poco después de un día tan ajetreado y estresante. Daba ligeros suspiros entre sueños, fruto de la tristeza que cubría su pequeño corazón, no podía estar tranquilo, no sabía qué hacer con su vida, y a pesar de haber aceptado su destino, la llegada de su nueva vida sería lo que acabaría completamente con su tranquilidad... nada volvería a ser como antes después de que cumpliera aquel hecho de masacre.

Habían pasado ya varias horas desde sus ojos se habían cerrado y su mente y cuerpo se habían sumido en su sueño profundo, y no se percató del momento en que los tenues rayos del sol comenzaron a inundar las calles, empapándolas de un leve color áureo. El sol ya había empezado a alzarse en el horizonte, el crepúsculo matutino empezaba a pintar las nubes de un tono dorado esplendoroso.


En cuanto sintió el sol tratando de colarse entre sus párpados, el Uchiha se acurrucó más en el suelo, negándose completamente a levantarse, unas pocas horas de sueño no eran suficientes para recuperar completamente sus energías, así que simplemente cambió de posición, para tratar de conciliar el sueño nuevamente. Estando a punto de abordar el tren de los sueños, una mano cálida se deslizo por su otro brazo. mientras que unos labios suaves y tibios se posaron cerca de su oreja, susurrándole con una horrorosa voz en el oído:

— Kokoro muchacho, para conseguir aquello, debes ejectutarlo, nada te caerá del cielo... —

Lentamente se incorporó, dirigió sus manos  hacia sus ojos, tallándoselos incansablemente, puesto que su visión aún estaba un poco borrosa, para luego dirigir su mirada hacia el lugar de dónde provenía la voz horrorosa y musical escrupulosa que había interrumpido su sueño.


Un hombre con una increíblemente larga cabellera lacia y oscura, ojos grisáceos; brillantes, cálidos, pasivos y profundos, labios pintados de un tono carmesí intenso, raro para un hombre, tez blanca como la nieve y facciones finas como las de un demonio miraba con odio a Kokoro, mientras le tocaba su rostro con una mano; y con la otra le frotaba delicadamente uno de sus ojos para ayudarle a limpiar completamente su visión. El pelivioleta por un momento pareció irritado, por lo que retiró la mano del desconocido de su rostro con un tanto de agresividad.
—¡¿Quién eres?! ¡¿Y como sabes que voy a tratar de hacer?! .—

El hombre, que poniéndose de pie era majestuosamente alto, dejando cabezas del Uchiha, le dirigió una macabra sonrisa a Kokoro, mientras extendía uno de sus brazos hacia él para ayudarlo a levantarse del suelo, el cual ahora estaba completamente húmedo debido a que el sol comenzaba a derretir  toda el roció que se había acumulado en las calles la noche anterior.

— Perdóname, pero me preocupa que hayas pasado la noche aquí afuera nuevamente... ¿No lo hiciste, verdad? —

El muchacho calló, puesto que no sabía mentir, prefería mantener la boca cerrada. Ya no se encontraba acostado, simplemente atinó a sentarse en la acera, con su mismo semblante frío y marchito. Pero al darse cuenta, aquello que había visto era sólo una ilusión de la impotencia de sus ojos, está era su madre.

—Kokoro...— Su madre volvió a hablarle  con tristeza, sin alzar la voz ni por un momento. — ¿Qué sucede ahora?—
—¡Nada! ¡No me sucede nada que te importe! De cualquier forma, nunca estás aquí... ¿Cómo podrías saber si algo me ocurre? 

El chico se volteó completamente de espaldas a la mujer de cabellos negros y de ojos tristes. A pesar de que le dolía en el alma el hecho de alzarle la voz a su madre, la rabia que sentía era incontenible por estar con aquel hombre, sabía que desahogar su ira con ella estaba mal, y no sabía qué palabras usar para demostrar su arrepentimiento. Además... ¿cómo le diría que estaba por ser un asesino? ¿con qué ojos miraría a su madre de ese momento en adelante? Se sentía completamente deshecho y miserable.




Unos brazos delgados y delicados lo rodearon lentamente, haciendo que sintiera una calidez que lo reconfortó por completo. Su madre lo aprisionó completamente contra su pecho, encerrándolo en su abrazo fuertemente para asegurarse de que no pudiera escapar. La mujer posó con suavidad su mentón en la cabeza del muchacho, y le acarició sus brazos con cariño y ternura.

Kokoro... sé que no soy la madre que un chico de tu edad podría desear. Sé que no estoy contigo la mayoría del tiempo debido a mi trabajo en la academia... pero puedo asegurarte, que no hay nada en mi vida que sea más importante que tú, y todo lo que hago es sólo por tí, para mantenerte seguro y darte una vida digna. A pesar de que no pasemos tanto tiempo juntos  a como lo pasábamos cuando eras más pequeño... para mí, tú estás por delante de todo, inclusive de tu padre, y antepondría incluso mi existencia misma si se tratara de protegerte. —

Gruesas lágrimas de dolor comenzaron a escurrir por las mejillas pálidas y heladas de Kokoro. Ahora, con mucha más razón, no podría darle la cara a su madre. No sabía qué hacer, y simplemente atinó a rodear con fuerza los brazos de la mujer en ademán desesperado. Apoyó suavemente su mejilla en el brazo cálido de su madre, que lo hizo entrar rápidamente en calor, lo reconfortó de la manera que sólo una madre podría lograr. Y allí se quedaron, abrazados mientras el Uchiha lloraba de impotencia ante todo lo que estaba por suceder, no iba a hablar, no diría nada hasta que el momento se diera, no podía echar a perder su vida y la de su progenitora al mismo tiempo, era injusto para ella, no quería decepcionarla. Apenas si logró que unas pocas palabras salieran de sus labios sellados por la incertidumbre, que a duras penas fueron audibles para ambos. 

— Perdóname, mamá... —

La mujer abrazó con cariño y delicadeza a su hijo, como si tuviera entre sus brazos el tesoro más frágil y valioso del universo, para después ponerse de pie y darle la mano, haciendo que se levantara del frío suelo junto con ella. Miró los ojos ahora oscuros de su hijo, pálidos, marchitos, y a su vez; aún con el rastro de las lágrimas que minutos atrás había derramado, lágrimas salidas desde lo más profundo de su alma destrozada. Su madre recorrió con uno de sus dedos de seda el contorno de los ojos del muchacho, para limpiarlos completamente y hacer que éstos volvieran a tener el mismo brillo que siempre mantenía en ellos; para ella, los ojos de su hijo eran la luz que la guiaba a a través de la penumbra y los momentos de angustia. En cuanto las lágrimas se disolvieron completamente de su rostro níveo, su madre le dio un beso en la mejilla, y tomándolo dulcemente de la mano lo llevó hacia adentro de la casa. Aún era muy temprano, y podrían dormir un poco más.


En cuanto atravesaron el jardín ahora impregnado con los deslumbrantes rayos del crepúsculo matutino (haciendo que se viera mucho menos tenebroso, ahora incluso tenía un aire relajante y bastante reconfortable) Kokoro sacó las llaves de su bolsillo y abrió la puerta de la majestuosa casa de pintas góticas. Por dentro, era mucho más impresionante. El amueblado era de un estilo bastante victoriano; muebes tapizados de terciopelo rojo carmesí, como aquellos ojos que deseaba tener, con encabezamientos de madera tan minuciosamente pulida; que destelleaba al más mínimo roce de los rayos del sol. Tenía tallados increíblemente bien elaborados; de lo que parecían ser ángeles y demonios acompañados de otros rasgos que caracterizaban a la época de Sunagakure en sus tiempos vetustos. El piso de mosaicos estilo "vintage" reflejaba sus figuras como si fuera un enorme espejo, y sus pisadas hacían eco en la gran habitación que conformaba la sala principal. La chimenea también tenía varios tallados con las mismas figuras que se habían elaborado en los muebles, sólo que mucho más grandes y realistas, y la chimenea estaba hecha de un material muy parecido al mármol, al menos a simple vista era brillante y bastante resistente, le daba a toda la habitación un toque bastante fino y elegante, puesto que el cuarto entero estaba elaborado de éste material. Justo en medio de la sala, un enorme candelabro dorado colgaba del techo, y arriba, un vitral con lo que parecían ser doncellas y criaturas mitológicas cubría de una tenue luz  lapislázuli el enorme salón principal. Las escaleras que daban al segundo piso también tenían un tallado de madera bastante fina, pero sin ningún diseño en especial, el pasamanos era de madera lisa pero  brillante y completamente impecable, así como la herrería que lo conformaba; de color negro y a modo de círculos tipo caracol. Eran enormes y para cualquiera que visitara la casa por primera vez, parecerían infinitas.



Kokoro arrastró los pies, aún bastante desanimado y agotado hasta el sofá, para luego tumbarse en él violentamente. Su madre lo miró de reojo, pero decidió no molestarlo, y salió del salón principal rumbo a la cocina. Su especulado padre aún no llegaba, puesto que no pasaban siquiera de las 5:30am, y el horario que tenía asignado para bajar del cuarte policial Uchiha y ponerse a trabajar era exactamente a las 8:00am.


El Uchiha suspiró y puso su brazo sobre sus ojos para cubrirse de los primeros rayos del sol que lograban adentrarse al Salón a través del gran vitral en el techo. A pesar de que no le hacía daño, desde siempre le había molestado, y se le hacía insoportable tener que resistir esos odiosos rayos ultravioleta cocinando sus pupilas. Presionó más su brazo contra su rostro, aún confundido y perturbado. No sabía cómo iba a retornar su vida a la normalidad, sólo a un idiota se le ocurriría realizar un asesinato en plena época de guerra. En cualquier momento podría ser delatado y llevado a prisión, o incluso podrían darle una pena de muerte, u obligarlo a aliarse con los del lado malo, o someterlo a cosas que no fuesen de su agrado... las posibilidades eran infinitas y su mente bastante amplia para pensar en muchas más. Comenzó a sentir una leve taquicardia, ya no soportaba más, lo que estaba por hacer, no era como quebrar un vidrio del vecino, o romper el juego de té favorito de mamá, era algo mucho más grave, delicado, de muchísima más magnitud que cualquier otra cosa que estuviese colmado en su vida... por más estúpido que fuera. Y aún faltaba el mayor de los obstáculos a superar...

—... Mamá... —

Hablaba para sí mismo lleno de melancolía y tristeza. No tendría excusas, no tendría argumentos a su favor, simplemente le restaría echarse toda la tierra encima y confesarle que él iba a tener la culpa de todo, que era un posible asesino. Pero... aún faltaba que ella le preguntará explicaciones. Si bien no debía hacerlo, y sonar como soborno o como un "mamá, te he salvado la vida de esa bestia", debía exigir lo que desde el primer momento estaba buscando: Sus ojos. un nuevo poder, nada que evadiera el punto clave de sus preguntas, nada de arrancar el tema directamente de raíz, iría parte por parte y así solucionaría todo. Aún tenía esperanzas, no debía dejar que cayera así de fácil, tenía que hacerlo... antes de que el momento llegara, y sentía que cada vuelta de las manecillas del reloj, era un minuto restado a la existencia de su padre. Un precioso minuto que podría aprovechar en cosas importantes para él.


Un agudo olor a galletas con juego especial y miel pura hizo que pausara sus pensamientos y se incorporara inmediatamente del sitio en dónde estaba recostado. Se levantó rápidamente y fue hacia la cocina dando pasos amplios y ágiles. Cuando llegó y entró a la gran habitación, vio en la mesa el desayuno que tanto le gustaba hecho por su madre: Galletas de chocolate, un juego aromático y miel. Era increíble que incluso un dulce de miel estuviera en ese botecito de abejita que le había obsequiado su madre cuando cumplió los 8 años. En otras circunstancia, se hubiera avergonzado, pero en ese momento sintió que su corazón latía de gozo, casi pudo curvear sus labios en una sonrisa de satisfacción, pero sólo pudo soltar un leve suspiro de serenidad y alivio. Se sentía, nuevamente, en casa.



Como siempre, era un inexpresivo que no sabía cómo reaccionar ante tal gesto de cariño de su madre, sólo se jaló un tanto el cuello de la playera, avergonzado y un tanto cohibido por no tener las palabras suficientes y adecuadas para expresar toda su alegría.

— Mamá... no vamos...¿A esperar a papá?—

La mujer volvió su vista hacia atrás mientras vertía juego en dos tazas medianas; una con un simpático dibujo de un pingüino azul y la otra lisa de color amarillo. Lo miró tiernamente y a la vez rara, sólo curveó sus gruesos labios en una sonrisa.

— Veo que sentiste el aroma... no has cambiado nada, Kokoro. De cualquier forma, aún conozco tus puntos débiles. — soltó una leve risita y el Uchiha, por su parte, cada vez se ponía más rojo y avergonzado. — No, no sería correcto, me parece raro que preguntes por el por tu sentimiento... se quedará ayudando a nuestro Kage hasta tarde o noche, es mejor dejarlo hacer lo necesario. Aunque me figuro que en cualquier momento sentirá el aroma y vendrá casi volando... los conozco bien a ambos. —

El muchacho agachó la cabeza. Realmente odiaba esos momentos con su madre, estar en familia aunque no se le diera ese gusto seguido, por lo que decidió ignorarlo sin que su madre pueda discernir algo raro por parte de este. Fue directo a la mesa para tomar asiento. Había olvidado el hambre tan voraz que tenía, e inmediatamente empezó a comer bastante rápido y casi sin masticar. Se dio cuenta de que esta era una oportunidad que quizás no volvería a presentarse, así que en cuanto la comida atravesó su garganta, miró a su madre fijamente, que ya se encontraba sentada justo frente a él, y después de mucho tiempo, una leve pero cálida sonrisa se dibujó con bastante timidez en sus labios de un tono rojo pálido, y con una voz profunda pero tierna a su manera se dirigió a su madre:

— Muchas gracias por éste esfuerzo... te quiero, mamá... —

Su madre sólo atinó a sonreír, ahora ella estaba levemente ruborizada ante las poco frecuentes palabras dulces de su hijo, estiró su brazo hasta que su mano alcanzó la cabellera violeta y larga del Uchiha, y pasó sus dedos delicadamente entre sus hebras claras, para luego bajar su mano hasta su rostro y darle una leve caricia en las mejillas acompañada de una sonrisa.

— Y yo a tí, Kokoro. —

Luego de aquellos actos, Kokoro formulo una sonrisa en su rostro, como sabiendo de presunción que iba a ser el último día con su madre, ella no tenía entendido, y viviría como que su pequeño hijo era un chico normal, pero no era así, este quería matar a su padre, para robar sus ojos, era la ley, su padre vivió maltratando a su madre, y por ser el líder de la fuerza policial Uchiha, nadie podría reclamarle nada, por parte de que nunca se habían mostrado pruebas a la sociedad de tremendos actos.
Ya había pasado la tarde en la cual su padre, no llegaba había llegado aún, cuando de un momento rápido se sintió un portazo, el cual Kokoro sabía que se trataba de aquel hombre que tanto perjudicaba a su madre, unos pocos gritos se escucharon, sin más que poder hacer, al querer levantarse a ponerle fin a aquello, todo termino. Su madre se encontraba entre lagrimas y su padre amenazandola de un posible impacto, que Kokoro al bajar por las escaleras, precavido lanzó un kunai que razgo parte de la mano de su padre, al este tener el sharingan activado.

— Ni lo pienses... — mencionó de tono muy enojado. — Le tocas un pelo y haré lo que deseo... — espetó con claridad y sin vueltas. Cuando aquel hombre con su puño sobre el aire y sangrando, al sentir aquel cortajo, observo hacía las escaleras donde se encontraba su hijo, Kokoro, y entre ello una cara macabra se había formado, que con su otra mano limpiaba aquella lastimadura que el jovén le había causado...

— Así que un mocoso como tu se atreve a enfrentar a su padre... — manifestó con severidad. — No me quedará otra alternativa que matarte, hijo mio, traerás malas a la familia Uchiha, no quiero que un crió me avergüence. Además, ¿qué harás tú? ¿matarme? JAJAJAJAJAJA, sólo sirves para jugar con tus amigos, entrena y aferrate, hasta poder llegar a alcanzarme, o tal vez... — pausó y realizó una sonrisa macabra para continuar. — Te mate y no hagas nada de ello... — terminaba de exponer al acercarse a Kokoro y quedarse a unos cinco metros, dejando a la madre entre sus ojos que parecían tempestad... El Uchiha se digno a escuchar las palabras de aquel hombre que parecía ser su padre, no era la imagen que esperaría, pero sin duda, antes lo quería hacer, y hoy quizá podría realizarlo.

— Esas palabras las he esperado por mucho tiempo, padre... lo he esperado de verdad, y lo diré, solo por borrarte del mapa de este mundo impuro... — pausó para estirar su brazo y apretar su puño. — Todo esto me está consumiendo, estoy siendo más que una replica tuya... —

Concluyo, para luego ver que su padre rió entre malvadas, y de un momento a otro desapareció, reapareciendo delante de Kokoro dándole una patada a la altura del estomago, enviándolo a volar sobre los aires, rompiendo puertas y paredes de la casa. 

— Eres basura niño... — exclamó su padre al ver si Kokoro podría oír. Sin duda, aquel impacto fue voraz para el Uchiha, que entre unos veinte segundos, este se levantó, pero no dió tiempo a nada, que fue cuando este estaba a unos tres metros del Uchiha, formando en su brazo derecho chakra Raiton, estaba por hacer una técnica definitiva, lo cual si pensaba matar al pelivioleta. Su madre no se encontraba tan lejos, pero al ver terrible escena, su mente de prolapso de pensamientos, nada podría pasarle a su pequeño hijo. Entonces fue ahí cuando Kokoro sin fuerzas no pudo levantarse, y la mano de su padre iba en dirección al pecho de este, pero al estar cuasi llegando, la madre llegó por donde el niño, en los suelos donde yacía como si estuviera abrazandolo, haciendo que el impacto de Raiton diese en el propio corazón de su madre, donde la sangre caía en el rostro de su hijo, haciendo que de este cause un estado de traumaticé, viendo a su madre arriba de este, y con las pocas fuerzas que le quedaba a su madre, logro ver los ojos de su pequeño hijo, donde entre sus últimas fuerzas puedo decirle unas palabras...

— Hijo, siempre he vivido a la par tuya, aunque no lo creas, quiero que te lleves una buena imagen de mi... Sólo quiero que recuerdes lo que te dije...  tú estás por delante de todo, inclusive de tu padre, y antepondría incluso mi existencia misma si se tratara de protegerte, ahora lo estás viendo... — término de decir esas palabras, para luego lentamente posarse sobre los ojos de Kokoro, y entre ello, este quedó en traumatismo, por el hecho experimentado.



Su mente se lleno de impulso, los cuales modificaron  el sentido, y todos se agudizaron tras ver los hechos debido a la acción que había pasado, ahora no dudaría más que nunca en destrozar a su padre... El padre al ver el cambio de su hijo, quito la mano en donde estaba y se alejo unos quince metros hacía atrás, gracias a lo extenso de la casa. Y el Uchiha con tal visión, entre un movimiento delicado, saco a su madre de allí tomándola de su nuca y la otra parte de sus píes, con sus ojos carmesí, observo a su padre que estaba a pocos pasos de estés...

— No te lo perdonaré... Pagarás por este hecho con cada gota de tu cuerpo. — Terminó de mencionar para que el padre se encuentre en un estado de temor al saber el estado de su hijo, este dejó a su madre que con sangre se encontraba, ya difunta, sobre uno de los sillones, haciendo que este se manche completamente por la sangre derramada... Y entre un movimiento veloz, aún con aquel dolor sobre su estomago, apareció por detrás de su padre, sacando otro kunai, que en el mismo instante su padre también lo hizo, haciendo que de estos dos impacten y den un chispazo, pero al estar endurecidos por el impacto, al tener una mano estancada por las armas, ambos las soltaron a velocidad, para ponerse en fuerza con ambas manos, padre e hijo, el acto que se había consumado, cegó de mente al Uchiha, quería matarlo a todo ritmo, este impulso una patada a la altura de su estomago también enviándolo lejos, donde su padre se desvistió sobre un mural de la casa déjando un plasma impregnado en la pared debido al golpe con fineza efectuado de sus pies.


Este se acerco para consumar tal acción, vío como aquel yacía en el suelo, pero inconscientemente tras aquella perdida, sus ojos cambiaron sin que este pueda darse cuenta, que, sin duda se trataba del Mangekyô Sharingan, tras la posible muerte de su padre, este lo desarrollo experimentándolo de manera propia. Pero después de aquellas acciones, su padre no mostró signos de ejecución, pudo mover un poco su cuerpo, no tanto debido al gran golpe de manera natural de Keith, donde cuando este intento ponerse en pie, del ojo izquierdo del Uchiha comenzó a sangrar con aquel rostro cálido una linfa caía sobre su mejilla, una flama negra comenzó a perpetrar el cuerpo de su padre, entre gritos de agonía.


— Morirás abrazado de tu propia sangre... — espetó fríamente, mientras veía aquel acto y su padre lentamente entre gritos se involucraba al suelo, sin duda con aquellas llamas prendidas, lo que este no calculó y dejó sin misericordia que se incineraba, para que con su ojo derecho comience a extraer el Amaterasu, causando un poco de dolor en ambos ojos.

No mostró piedad, la muerte de su madre lo desoriento completamente, su aura maligno no conocido había salido a la luz, donde sus nuevos ocales mostraban majestuosidad ante la situación... caminando un poco rengo, tomo el cuerpo de su madre, y procuró alejarse lo más posible de ese lugar, llevando a su madre a un lugar donde este pueda enterrarla sin molestas. Había llegado por los alrededores de la aldea de Sunagakure, raramente una lluvia comenzó a dar paso entre la boveda oscura, dónde dominaba la lluvia a cada zancada, el piso se encontraba un poco fresco, ya que la lluvia por allí con caía en demasiado, debido a que estaba cubierto de árboles... 



Sólo delicadamente a su madre sobre los suelos, mientras soltaba unas tremendas lágrimas donde se jugaban con la lluvia, y con su mano izquierda formo chakra y rompió el suelo en cantidad dejando una gran poso donde entraría el cuerpo de la ya fallecida dulce mujer, donde este sin pensarlo, la tomo nuevamente y la impulso sobre aquel lugar...
— Mamá, fuiste fuerte para mi... tu lugar de descanso es el cielo... espérame... — término de mencionar, mientras el cuerpo de la fémina iba siendo recubierto por la tierra aún poco humedad, donde no dejaría un rastro de entierro, debido a que la lluvia la tornará a la misma... Término por dejar de caer sus gloriosas lagrimas, donde se fue del lugar, dejando aquel aroma de su madre que tanto amaba aún estando en las peores riñas con ella, ahora emprendería una nueva vida, un nuevo ser....

Así fue como en el ocaso con la lluvia sobre su espalda, su padre terminó con la vida de su madre y Kokoro con la suya y así le dice adiós, pues de todas las batallas, su querido afán, está muerte la gano su corazón.



Madre de Kokoro:

Padre de Kokoro:



Líneas: 221

Obtención del Mangekyô Sharingan: 150

Entrenamiento de Jutsu[Amaterasu]: 50

Líneas de actos consumados: 200

Líneas restantes: 21


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Re: El despertar carmesí. ~

Mensaje por Luze el Jue Ene 16, 2014 4:56 pm

ENTRENAMIENTO ACEPTADO.

Logros Obtenidos: Mangekyou Sharingan - Tecnica "Amateratsu"
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